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Volver a Nicaragua, la esperanza de la niñez que solicita refugio en Costa Rica

En Nicaragua dejaron casi todo: casas, escuelas, abuelas, abuelos, tías, tíos, primas, primos y amistades. Su sueño es regresar porque extrañan su patria. El desarraigo es uno de los principales impactos del exilio de la niñez nicaragüense.


Un grupo de mujeres participa en un taller en el que identifican las violencias vividas. Mientras tanto, sus hijas e hijos pintan y juegan en el piso de tablas y el patio del salón comunal del campamento de familias campesinas exiliadas en Upala, Costa Rica.  Les asiste una una psico educadora. Es 16 de julio de 2022.

La psico educadora, también exiliada en Costa Rica, les ha pedido que dibujen la casa de sus sueños. Luego se trasladarán al patio para jugar e inflar globos. Les invita a jugar al reportero y reporteara y compartir el significado de sus dibujos con el equipo de Onda Local.

Niñas del Campamento Campesino pintan la casa de sus sueños. Foto / Cristopher Mendoza

Dayana, de 11 años, toma la palabra. Ella ha pintado una casa grande, de dos plantas, los cuartos no tienen divisiones. Cuando sea grande, Dayana quiere construir esa casa en Nicaragua, el país que dejó.  Ella ya tiene cuatro años en Costa Rica, pero no deja de extrañar el lugar donde nació. “Recuerdo a mi familia, a mis amigos, a los profesores que me daban clases. A veces, metemos recargas y podemos hablar con mis amigos, me preguntan que cómo estoy, qué cuando vamos a volver, les digo que no sé todavía”, comenta.

Dayana es una de las más de 15 mil menores de edad solicitantes de refugio en Costa Rica. Este país se ha convertido en el principal destino de las personas nicaragüenses que huyen de la represión de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El impacto del exilio en la niñez nicaragüense ha sido poco documentado. La niñez solicitante de refugio agradece la oportunidad de continuar estudiando, pero identifican que la escuela es el espacio donde sienten mayor discriminación. Esa es una de las principales conclusiones de los diagnósticos realizados, según explicó al medio Expediente Público, Yanis Quezada Chanto, coordinadora del Proyecto Defensa de Niños y Niñas Internacional.

La guía “Población Refugiada en el Sistema Educativo Costarricense” señala que “la educación es un derecho inalienable, lo cual implica que el sistema educativo público debe tener las puertas abiertas para recibir a todas aquellas personas que, lamentablemente, tuvieron que salir de su país por temores fundados”.

Agrega que el trabajo en el aula y en la institución a partir de su cultura de origen y una contextualización a la cultura costarricense son procesos necesarios para la verdadera integración de esta población al sistema educativo y al país.

La adaptación escolar se vuelve más difícil cuando las niñas y los niños tienen que ser cambiados de escuela hasta tres veces en el año. Francisca Ramírez, líder del Movimiento Campesino Anticanal y del Campamento, dice que ha conocido a varias familias en esa situación.

La niñez del campamento ha tenido la oportunidad de estudiar en una escuela que les queda a unos tres kilómetros, pero para llegar hacen el recorrido en bus, afirma Ramírez. Para ella, el principal impacto del exilio en la niñez del campamento ha sido el desarraigo y la separación de la familia.

“La niñez tiene recuerdos tristes de lo que ha pasado en Nicaragua. ¿Por qué dejaron sus casas? ¿Por qué tuvieron que irse a otro país para andar posando? ¿Cuándo volverán a Nicaragua?, son preguntas que hacen. Es difícil explicarles que mientras no retorne la democracia y haya un estado de derecho, no podemos volver”, dice Francisca.

El desarraigo se ve retratado en los dibujos. Sofía, de seis años, pintó una calle y un carro. La calle es en Nicaragua, remarca. “Yo vivo en dos casas. En Nicaragua y en Costa Rica. Allá (en Nicaragua) vive mi papito y mis amigos”, dice Sofía, quien desea volver a Nicaragua, aunque no sabe cuándo.

Dayana, por su parte, dice que en el campamento se siente bien porque tiene salud, puede estudiar y se parece mucho al lugar donde vivía en Nicaragua. Sin embargo, se pone triste cuando recuerda a su familia, a sus abuelos, tías y primos que están en Nicaragua.

De Costa Rica a Estados Unidos

Costa Rica ha sido por muchos años el destino de miles de nicaragüenses que, en medio de la desesperanza, han buscado en ese país las oportunidades que no encontraron en el suyo. Pero la población solicitante de refugio ha encontrado muchos muros para poder insertarse.

Ante esa falta de oportunidades muchos hombres jóvenes solicitantes de refugio han tenido que migrar a Estados Unidos, asegura Francisca Ramírez. Se van con el sueño de querer ayudar sus familias, para que sus hijos tengan una vida digna.

“Los hijos de los líderes del Movimiento Campesino han emigrado a Estados Unidos después de estar dos o tres años en Costa Rica buscando alternativas de sobrevivencia”, asegura la líder campesina. También lo están haciendo, agrega, porque no ven esperanza de un pronto retorno a Nicaragua.

Esta situación impacta a la niñez porque notan la ausencia de sus padres. “En el campamento muchos niños se han quedado sin su papá. Ellos se arriman a otros hombres y le dicen papá, lo abrazan creyendo que es su papá”, cuenta Ramírez.

Ella destaca la necesidad de seguir organizándose y luchando por Nicaragua. En el campamento buscan alternativas para ofrecer una vida digna. Desarrollan emprendimientos productivos para que las mujeres y la niñez tengan alguna estabilidad. “Estamos tratando de garantizarles al menos la seguridad alimentaria. Las mujeres están trabajando la tierra y vamos a salir adelante”, dice.

Ramírez cree que la niñez debe seguir yendo a la escuela para que, cuando puedan retornar a su patria, hagan algo por ella, reconstruirla.

La historia de Nieves y Rey

Nieves, de cinco años, es una niña nicaragüense solicitante de refugio en Costa Rica. Ella, su mamá y su hermano Rey llegaron a Costa Rica en febrero de 2022 para reunirse con su papá, un periodista nicaragüense que se vio obligado a exiliarse en septiembre de 2021, debido a la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

La niña y su familia cruzaron la frontera por un punto ciego. Temían que las autoridades migratorias nicaragüense les quitaran los pasaportes, como lo ha hecho con decenas de periodistas y personas defensoras de derechos humanos que huyen del país.

Nieves cuenta que el viaje hacia Costa Rica fue una aventura que no desea repetir. Cuando se reunió con su papá lo abrazó, y le dijo que ella era valiente porque caminó por la madrugada varios kilómetros entre monte y lodo.

En febrero empezó el kínder en Costa Rica. Su hermano Rey también pudo continuar su sexto grado de primaria. Ambos, según cuentan, son sociables y enérgicos, por lo que no han tenido dificultades para adaptarse al sistema educativo. Pero, al igual que la niñez del campamento, todavía viven el desarraigo. Extrañan su casa, sus amistades, a sus primitas y primitos.

Su país está siempre en sus mentes y en sus corazones. Nieves se alegra cada vez que ve una moneda con el escudo nicaragüense. Sin embargo, no ha superado los eventos traumáticos de la represión policial en Nicaragua. Le contó a su profesora que se vino de Nicaragua huyendo de la policía.

Nieves y Rey no han tenido que cambiarse de centro educativo. Su papá y su mamá han procurado mantenerlos en la misma escuela para que se adapten y tengan estabilidad. Pero no todas las familias refugiadas o solicitantes de refugio tienen esta posibilidad.

Hace un par de meses, Nieves y su familia se tuvieron que cambiar de casa en Costa Rica. Mientras realizaban la mudanza, la niña le preguntó a su mamá por qué huían de nuevo, quería saber si la policía les iba siguiendo. La mamá le respondió que en Costa Rica la policía no les hacía daño.

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